domingo, 10 de marzo de 2019

#0Contenciones: ¿Qué factores pueden ser clave para superar la contención mecánica? // Roberto Zanfini

30 enero, 2019. Artículo: mad in america hispano hablante
Aunque en los Servicios Psiquiátricos de Diagnóstico y Tratamiento [SPDC, unidades psiquiátricas en los hospitales generales, NdT] se aplica la contención, no hay leyes o normas que la regulen, puesto que la ley 180/1978 [ley para el cierre de los manicomios, NdT] abolió el Decreto 615/1909. En el apartado IV artículo 60 de ese Decreto, se condenaba el uso de la contención y se establecía una sanción económica para quien recurriera a ella sin una autorización escrita por parte del director del manicomio o un médico (“En el manicomio se deben abolir o reducir a los casos absolutamente excepcionales los medios de coerción de los enfermos, que sólo podrán utilizarse previa autorización escrita del director o de un médico del instituto. La autorización indebida del uso de estos medios hace a los responsables susceptibles de una sanción pecuniaria… El uso de los medios de coerción está prohibido en las clínicas privadas). A día de hoy, en algunas regiones italianas la contención mecánica está monitorizada y se han dado indicaciones sobre su uso mediante circulares que las regulan. En la región de Emilia Romagna, esto ocurre desde hace años, y cada año los SPDC envían datos relativos a cada una de las contenciones que se han realizado. De hecho, cada SPDC cuenta con un registro específico para el seguimiento de los datos. Las auditorías también se programan para períodos y contenciones individuales de cierta duración.

jueves, 10 de enero de 2019

La dignidad del paciente es la dignidad del profesional ( JUAN GÉRVAS)

Carlos Martorell

La defensa del paciente como persona y no como elemento o instrumento, sobre el que o con el que actuar, es objeto de atención de este comentario en el que el autor pone en igualdad dignidad del paciente y dignidad del profesional

El paciente como ser humano autónomo

La dignidad del paciente se explica por su valor como ser racional que tiene libertad para escoger entre alternativas vitales.

Ciertamente, la libertad del paciente se ve recortada en mucho pues el enfermar implica justo la limitación y el desvalimiento. Por ello es más importante que nunca que el ser humano doliente sea tratado con dignidad; es decir, sea respetado en la toma de decisiones y en el ejercicio de su libertad.

La autonomía es un valor ético, un principio básico de la bioética, pero limitado por el de justicia, especialmente en su aspecto de equidad. Por ello la dignidad del paciente es exigible con mayor intensidad cuanto más frágil sea el paciente, puesto que su autonomía se debilita y el profesional debería suplir este fallo a que lleva inevitablemente la enfermedad.

La equidad tiene un componente vertical, en el sentido de dar más a quien más precisa. La equidad tiene también un componente horizontal, en el sentido de dar igual a quienes tienen la misma necesidad. En ese sentido, la dignidad en el trato al paciente conlleva el respeto a la autonomía del paciente, pero con oferta proporcional de servicios según sea la necesidad del enfermo.

El paciente como miembro de una cultura

La cualidad de digno del ser humano autónomo se interpreta de forma distinta según culturas. Por ejemplo, no es lo mismo el valor del anciano en la cultura gitana que en la cultura urbana actual de los payos. El médico, y en general el profesional sanitario, debería conocer a fondo la cultura de la sociedad en que trabaja para responder a los profundos valores implícitos en la misma. Por eso es peligroso el trabajo de “paracaidista” de los que van a trabajar a otros mundos. “Flores de otro mundo” es el título de la película de Icíar Bollaín sobre las emigrantes que vienen a España y se encuentran inmersas en una cultura que les cuesta comprender, y en donde las comprenden mal.

Por supuesto, el valor y la importancia del ser humano tienen un mínimo común denominador que exige su respeto en todo lugar, situación y cultura. Pero conviene adecuar el mínimo al máximo común denominador según la cultura. Por ejemplo, la dignidad en el trato a la paciente paquistaní con problemas ginecológicos exige un respeto que puede llevar a organizar el servicio de forma que siempre sea atendida por una ginecólogo mujer.

La dignidad del paciente es un derecho inviolable que le corresponde por el hecho de ser humano, pero es más exigible por su situación de enfermo según los patrones culturales que hay que conocer. Por ejemplo, ayuda a respetar la dignidad del paciente el ofrecer atención en su propio idioma. Si se tiene en cuenta que el objetivo del sistema sanitario es ofrecer cálida calidad prestando servicios según necesidad, sería fácil promover la atención en distintos idiomas e incentivar a los profesionales para que lo logren. Por ejemplo, es absurdo contar con una colonia importante de chinos y que nadie sepa decir ni hola en mandarín. En otro ejemplo, es un insulto que se atienda a gitanas embarazadas pretendiendo aplicar los criterios y valores de los mismos profesionales sanitarios, payos de clase media/alta. Ejercer de médico exige ciencia pero también humanidad y dignidad en el trato, y no puede existir dignidad sin conocimiento profundo de la cultura del paciente.


El paciente en su clase social

El debate sobre lo que sea clase social continúa tan enconado como siempre, y bien se demuestra en torno al pensamiento de Marx y Weber, profundamente modificado por los teóricos actuales. Pero más allá del debate, los seres humanos vivimos en sociedad y la pertenencia a clanes y familias significa el acceso a bienes de muy distinto valor. Es decir, el humano no cumple aquello de “a cada cual según necesidad; de cada cual según capacidad”. De hecho, por ejemplo, el joven de mayor capacidad entre los pobres apenas logrará el triunfo de los más torpes entre los ricos. Es decir, la pertenencia a grupos de mayor riqueza facilita el desarrollo personal hasta límites increíbles e injustos.

La dignidad del paciente exige tratar de forma desigual a los que son de desigual clase social, por más que tengan la misma necesidad. Así, no se puede emplear el mismo tiempo en atender la bronquitis de una anciana viuda, pobre y analfabeta que la misma bronquitis en una anciana jubilada de funcionaria pública, con una pensión suficiente y una educación universitaria (obviamente, la primera precisa más tiempo). La dignidad en el trato exige un respeto exquisito y sutil, nunca explícito ni ofensivo por exagerado, que adapte la prestación de cuidados a la clase social del paciente.La existencia de un sistema sanitario de cobertura universal pretende disminuir el impacto de la clase social entre los pacientes. Por ello, en un sistema sanitario de cobertura universal con pequeños o nulos copagos en el punto de servicio se esperaría que los servicios se prestasen según necesidad. Lamentablemente, la teoría no se cumple, sino al contrario, se cumple siempre la Ley de Cuidados Inversos, de Hart, que dice que “Los servicios sanitarios se prestan según el inverso de la necesidad, y esto se cumple más cuanto mayor sea la orientación a lo privado del sistema sanitario”.

Todos los pacientes merecen el máximo respeto, pero la dignidad de la atención exige que ese respeto tenga en cuenta los determinantes sociales en su conjunto, y especialmente la clase social del paciente.
El paciente en la clínica

Los médicos terminan endurecidos ante el sufrimiento, el dolor y la muerte. En parte es necesario, pues no se puede trabajar en carne viva constante. La formación médica logra eso, un cierto control del impacto del enfermar en el humano que lo atiende. Por ejemplo, es típica la repulsión del lego ante la sangre que brota de una herida mientras que para el profesional el problema es cómo controlar la hemorragia, y conocer la causa de la misma.

La cuestión se complica cuando el médico llega a trabajar con la frialdad de un robot, cuando el dolor y el sufrimiento son parte de un paisaje que no impresiona, y cuando la dignidad del paciente ni se considera. Buen ejemplo al respecto es la indignidad de muchas batas con las que se cubre la desnudez del paciente ingresado en el hospital, o para la realización de pruebas radiológicas varias. Es esa bata abierta por atrás que deja al descubierto las nalgas y la espalda, que avergüenza al paciente hasta extremos profundos y conmovedores y que, sin embargo, ni llama la atención de médicos, enfermeras, técnicos y auxiliares. En otro ejemplo, es la consulta en que se exploran sentimiento ocultos y difícilmente expresables sobre sexualidad, y en cuya entrevista hay residentes y/o estudiantes, sin contar con el permiso explícito del paciente, y sin siquiera ofrecer el “escape” de decirle al paciente si se siente cómodo o prefiere que la consulta continúe a solas, sin residentes ni estudiantes. Ejemplo extremo de indignidad clínica es el “aprendizaje” en vivo y en directo del tacto vaginal y/o rectal, sin casi contar con la autorización explícita de los pacientes.
En síntesis

No hay dignidad de los profesionales si no hay dignidad de los pacientes.

Se puede ofrecer una atención de aparente calidad obviando todo aspecto de humanidad, pero la verdadera calidad médica es la que combina ciencia y conciencia, la que respeta la dignidad del paciente y al tiempo ofrece servicios según necesidad.

La indignidad de transformar al paciente en “cosa” llevó y lleva a la pérdida de una medicina de rostro humano. Los médicos que respetan la dignidad de los pacientes están respetándose a sí mismos.
Fuente: JUAN GÉRVAS 2015

lunes, 10 de septiembre de 2018

#0Contenciones en el estado de Pensilvania: elementos clave

Carlos Martorell
—El aislamiento y la contención no alivian los síntomas psiquiátricos— afirmaba en el año 2000 Charle Curie, entonces subsecretario de la Oficina Estatal de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias (OMSHA) de Pensilvania —el uso del aislamiento y la fuerza física solo incrementa el sufrimiento de los pacientes y puede acabar produciendo un daño grave sobre ellos y el personal, un trauma emocional o incluso la muerte.

En ese momento presentaba el Programa de reducción de la contención y el aislamiento1, que finalmente ganaría el Premio a la Innovación otorgado por el Gobierno de los Estados Unidos.

—El aislamiento y la contención no son tratamientos, sino que reflejan un fracaso en el tratamiento.

En los tres años anteriores, los entonces nueve hospitales públicos de Pensilvania habían reducido en un 74% los casos en los que utilizaban la contención y el aislamiento, y en un 96% el tiempo que las personas estaban sometidas a ellos, sin aumentar las agresiones ni las lesiones y sin aumentar el gasto.

En la actualidad, los diez hospitales de los que se encarga la OMSHA son centros libres de contención mecánica (desde 2015) y de aislamiento (desde 2013). La contención química está prohibida desde finales de los años 90.

El sistema de atención de Pensilvania

El estado de Pensilvania se encuentra en el noreste de los Estados Unidos, al sur del Estado de Nueva York. Con cerca de 13 millones de habitantes, es el sexto estado más poblado del país. Actualmente dispone de 6 hospitales psiquiátricos que en el mes febrero de 2018 censaron un total de 994 atenciones a personas con problemas de salud mental y adicciones. La OMSHA, que coordina estos 6 centros, también proporciona atención en dos servicios para personas con problemas de salud mental que han cometido delitos (llamados centros de servicios forenses), una unidad de cuidado de larga estancia (de 159 camas) y un programa para menores con problemas de salud mental que han cometido delitos.

En 1990 este sistema de atención inició un trabajo de transformación de sus servicios hacia un “enfoque de recuperación y resiliencia”. Este enfoque trataba de ayudar a las personas a tener control sobre sus vidas en lugar de ser controlados por un sistema o sus profesionales, algo claramente incompatible con el uso de la contención, que en muchos casos -señalaba Curie- produce sufrimiento y retraumatización. Por ello iniciaron un intenso trabajo que años después acabaría en la eliminación de las contenciones mecánicas y el aislamiento tanto en los hospitales psiquiátricos como en los centros forenses.

La experiencia de Pensilvania: elementos clave en la eliminación de las contenciones

En un trabajo publicado en 2015 se mencionan cuatro elementos centrales, de cuya combinación resultó el cambio de modelo de Pensilvania: formación, monitorización, revisión de políticas y cambio cultural.

Formación

El modelo de Pensilvania hace énfasis en la formación del personal (que incluyó programas como “Respeto”) centrándose en el manejo de crisis y desarrollo de habilidades no ofensivas, además de las técnicas de desescalada verbal2. Se introdujeron además equipos de respuesta que aseguraran la organización en una intervención en crisis. Todo el personal recibe sesiones de formación anuales por política de la OMSHA.

Monitorización

La recogida de datos y la transparencia en su difusión es sin duda uno de los puntos fuertes del modelo pensilvano. El desarrollo de un sistema de recogida de datos a nivel estatal permitió monitorizar el uso de contención y aislamiento, así como medir el impacto de las medidas que se tomaron para eliminarlas. “Elegimos hacer públicos estos datos, disponibles para los defensores de los pacientes, los medios de comunicación y los gestores”, decía Curie en su presentación. Desde el año 2009 se elabora un informe mensual que puede consultarse desde su web y que monitoriza diversos indicadores de calidad, además del uso de la contención y el aislamiento, como el número de accidentes, el número de caídas, utilización de medicación, etc.

Revisión de políticas

En 1999 se dirigió a los hospitales la primera política con el fin último de eliminar las contenciones. Desde entonces han sido varias las modificaciones hasta su versión más reciente. El modelo proporciona una guía amplia y detallada en la que se recoge la filosofía de cuidado y que aborda aspectos como la información a familiares, la formación que debe recibir el personal, las sesiones de debriefing (reuniones posteriores al incidente crítico o episodio de contención en las que se evalúa la situación), la monitorización, y los aspectos más importantes sobre las técnicas de contención y aislamiento.

Cabe destacar que ya en 1997 se estableció que los episodios de aislamiento y contención no deberían superar los 30 minutos de duración, y que las prescripciones de medicación “si precisa” se eliminaron en el año 2005. Además, si bien la contención física (sujetar a una persona con las propias manos del profesional) se utiliza ocasionalmente (en concreto en el pasado mes de febrero la suma total de contenciones físicas en todos los hospitales fue de 37 y entre todas sumaron una duración de 2,42 horas), está estrictamente prohibida la utilización de técnicas que mantengan a la persona en el suelo y/o boca abajo (como se permiten por ejemplo en Reino Unido).

Cambio cultural

Es difícil concretar los factores que podrían citarse en este apartado, bien por ser característicos de Pensilvania o por no serlo (o no con tanta fuerza) de nuestros medios.

Uno de los cambios que señaló Curie en el año 2000 en la cultura hospitalaria, que apareció durante el trabajo para eliminar las contenciones y el aislamiento, fue que “nuestros pacientes dicen que el personal les escucha más y ahora están implicados activamente en el proceso de tratamiento (…) el rol del usuario se ha transformado desde uno de impotencia a otro de alianza”.

Un aspecto que se ha señalado crucial en la transformación de Pensilvania es la acción del movimiento por la eliminación de contenciones en el estado. Fue el trabajo de grupos de profesionales y activistas el que impulsó el cambio cultural que empezó a principios de los años noventa.

La participación de activistas defensores de los pacientes (término que hemos preferido para traducir advocate) que muchas veces son personas que han experimentado el ser atendidas en los servicios, es importante en el estado de Pensilvania. Son considerados por política de la OMSHA portavoces de las personas atendidas que pueden implicarse en el cuidado (siempre que la persona así lo desee), siendo miembros reconocidos del equipo de tratamiento. Ya en 1995 el gobierno estatal tenía “activistas defensores” independientes asignados a cada hospital, que proporcionaban a los pacientes protección de sus derechos.

Unas palabras finales

Si bien Charle Curie reconoció las estrategias del modelo como “seguras y replicables” hace casi 20 años, no es nuestra intención presentar el modelo pensilvano como algo acabado y a imitar, ni como un modelo absolutamente libre de coerción.

Sin embargo, nos parece un ejemplo sobre cómo el compromiso con una forma de entender a la persona y al cuidado pueden resultar en la eliminación de las contenciones mecánicas en los servicios de salud mental, sin un gran número de personal (en el año 2000 la media de personal para una unidad de 32 camas era de dos enfermeras y cuatro auxiliares psiquiátricos), sin utilizar métodos como la contención química o el aislamiento y sin que se produzcan más lesiones o agresiones.

Probablemente el hecho de que no se considere un modelo terminado y siga trabajando en la transparencia y la mejora de la calidad en sus servicios es también una de las claves del éxito en la eliminación de las contenciones mecánicas en el estado de Pensilvania.

1. La Organización Mundial de la Salud establece las siguientes definiciones para la contención y aislamiento:
Aislamiento: aislar a una persona de las demás restringiendo físicamente su capacidad de salir de un espacio definido.
Contención física: imponer una limitación manual del movimiento de una persona (de todo el cuerpo o de una parte), a menudo utilizando la fuerza.
Contención mecánica: utilizar dispositivos (como correas, cuerdas, cadenas, grilletes o tela) para restringir la capacidad de la persona para mover libremente todo su cuerpo o una parte de él.
Contención química: utilizar una medicación que no forma parte del tratamiento de una persona, con el fin de restringir su libertad de movimiento y/o controlar su conducta.

2. Las técnicas de desescalada verbal hacen referencia a un conjunto de herramientas comunicativas dirigidas a la resolución de conflictos.
FUENTE: Mad in America Hispanohablante


viernes, 10 de agosto de 2018

Los tres obstáculos que impiden el progreso de la salud mental

Carlos Martorell
El pasado 28 de marzo 2017, la Organización de las Naciones Unidas publicó un informe de 22 páginas dirigido a los responsables de las políticas de salud pública y los profesionales de la salud salud mental, en el que se solicita un cambio radical en los paradigmas de atención, especialmente un cambio en el modelo biomédico y neurocentrista reinante. El documento también aborda los tres principales obstaculos que tendrán que afrontar a fin de lograr dicha transformación.

En Psyciencia decidimos compartir estos tres puntos de manera textual para que psicólogos y psiquiatras puedan conocer de primera mano cuales son estos obstáculos y aporten ideas para mejorar los servicios de salud pública. Si deseas puedes descargar el documento completo en formato PDF.

Predominio del modelo biomédico

El modelo biomédico explica los trastornos mentales a través de aspectos y procesos neurobiológicos, en los que se basa para realizar las intervenciones. Se creía que los argumentos biomédicos, como la expresión “desequilibrio químico”, aproximarían la salud mental a la salud física y a la medicina general y eliminarían progresivamente la estigmatización. Pero no ha sido así y muchos de los conceptos en que se basa el modelo biomédico en el ámbito de la salud mental no han podido ser confirmados por las nuevas investigaciones. Algunos instrumentos de diagnóstico, como la Clasificación Internacional de Enfermedades y el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, siguen ampliando los parámetros del diagnóstico individual, a menudo sin ninguna base científica sólida. Algunos críticos advierten de que la proliferación excesiva de categorías diagnósticas invade la experiencia humana hasta tal punto que podría terminar reduciéndose la aceptación de la diversidad humana.


SE DEBE MANTENER UN BUEN EQUILIBRIO ENTRE EL MODELO Y LAS INTERVENCIONES BIOMÉDICOS Y LOS PSICOSOCIALES Y HUIR DE LA SUPOSICIÓN ARBITRARIA DE QUE LAS INTERVENCIONES BIOMÉDICAS SON MÁS EFICACES

Sin embargo, el ámbito de la salud mental sigue estando excesivamente medicalizado y el modelo biomédico reduccionista, con el apoyo de la psiquiatría y la industria farmacéutica, domina la práctica clínica, las políticas, los programas de investigación, la educación médica y las inversiones en salud mental en todo el mundo. En los países de ingresos bajos, medios y altos, la mayor parte de las inversiones en salud mental financian de manera desproporcionada los servicios basados en el modelo biomédico de la psiquiatría. Existe además una predilección por los tratamientos de primera línea con medicamentos psicotrópicos a pesar de los indicios cada vez más numerosos de que no son tan eficaces como se creía, tienen efectos secundarios nocivos y, en lo que se refiere a los antidepresivos, sus beneficios en casos de depresión leve y moderada pueden atribuirse a un efecto placebo. Pese a estos riesgos, los medicamentos psicotrópicos se utilizan cada vez más en los países de ingresos altos, medianos y bajos de todo el mundo. Nos han vendido el mito de que la mejor solución a los problemas de salud mental son los fármacos y otras intervenciones biomédicas.

El modelo psicosocial ha surgido como una respuesta con base empírica al paradigma biomédico. Es un modelo que va más allá de los factores biológicos (sin excluirlos) y entiende las experiencias psicológicas y sociales como factores de riesgo que contribuyen a una mala salud mental y como factores positivos que contribuyen al bienestar. Este modelo puede incluir intervenciones cortas y de bajo costo que pueden integrarse en la atención habitual. Si se aplican debidamente, estas intervenciones pueden empoderar a los desfavorecidos, mejorar la crianza de los hijos y otras competencias, dirigirse a los individuos en su contexto, mejorar la calidad de las relaciones y fomentar la autoestima y la dignidad. Para que un sistema de salud mental sea respetuoso con el derecho a la salud, debe mantener un buen equilibrio entre el modelo y las intervenciones biomédicos, por un lado, y los psicosociales, por otro, y huir de la suposición arbitraria de que las intervenciones biomédicas son más eficaces.

Asimetrías de poder

La promoción y la protección de los derechos humanos en el ámbito de la salud mental exigen una redistribución del poder en los aspectos clínico, de investigación y de políticas públicas. El poder de decisión en cuestiones de salud mental se concentra en manos de los adalides del modelo biomédico, en particular la psiquiatría biológica con el apoyo de la industria farmacéutica. Esto atenta contra los principios modernos de atención integral, gobernanza de la salud mental, investigación interdisciplinaria innovadora e independiente y formulación de prioridades basada en los derechos en las políticas de salud mental. Las organizaciones internacionales, en especial la OMS y el Banco Mundial, son también partes interesadas influyentes cuya función y relaciones interaccionan y se superponen con la función de los profesionales psiquiátricos y la industria farmacéutica.

LA PROMOCIÓN Y LA PROTECCIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS EN EL ÁMBITO DE LA SALUD MENTAL EXIGEN UNA REDISTRIBUCIÓN DEL PODER EN LOS ASPECTOS CLÍNICO, DE INVESTIGACIÓN Y DE POLÍTICAS PÚBLICAS

En el ámbito clínico, los desequilibrios de poder favorecen el paternalismo e incluso las visiones patriarcales, que dominan la relación entre los profesionales de la psiquiatría y los usuarios de los servicios de salud mental. Esta asimetría desempodera a los usuarios y menoscaba su derecho a tomar decisiones sobre su salud, con lo que se crea un entorno en el que pueden producirse y se producen violaciones de los derechos humanos. Las leyes que permiten a los profesionales psiquiátricos llevar a cabo tratamientos e internamientos forzosos legitiman ese poder y su uso indebido. Este uso indebido de las asimetrías de poder impera, en parte, porque con frecuencia las disposiciones jurídicas obligan a los profesionales y al Estado a adoptar medidas coercitivas.

El sector de los profesionales de la psiquiatría es un actor poderoso en la gobernanza y la promoción de la salud mental. Las estrategias nacionales de salud mental tienden a reflejar los programas biomédicos y a ocultar las opiniones y la participación significativa de la sociedad civil, los usuarios y antiguos usuarios de los servicios de salud mental y los expertos de diversas disciplinas no médicas. En este contexto, el Manual de Recursos de la OMS sobre Salud Mental, Derechos Humanos y Legislación, de 2006, elaborado aplicando las directrices sobre derechos humanos de ese momento, tuvo una enorme influencia en la promulgación de leyes sobre salud mental que permitían “excepciones”. Esas “excepciones” jurídicas normalizaban la coacción en la práctica diaria y facilitaban que se produjeran violaciones de los derechos humanos, por lo que constituye un avance positivo que se estén revisando las leyes y que el Manual se haya retirado oficialmente como consecuencia del marco propiciado por la Convención sobre los Derechos de las 
Personas con Discapacidad.

El statu quo de la psiquiatría actual, basado en las asimetrías de poder, provoca la desconfianza de muchos usuarios a la vez que daña y pone en riesgo la reputación de la profesión psiquiátrica. Los debates abiertos que se están planteando dentro de la profesión sobre su propio futuro, por ejemplo sobre su papel con respecto a otras partes interesadas, son fundamentales. El Relator Especial acoge con satisfacción y alienta estos debates dentro de la profesión psiquiátrica y con otras partes interesadas, y está convencido de que la búsqueda del consenso y el progreso redundará en beneficio de todos, incluida la psiquiatría. La participación activa de la profesión psiquiátrica y de sus líderes en la transición hacia políticas y servicios de salud mental respetuosos con los derechos es un elemento crucial para el éxito de los cambios positivos en materia de salud mental a escala mundial.

EL STATUS QUO DE LA PSIQUIATRÍA ACTUAL, BASADO EN LAS ASIMETRÍAS DE PODER, PROVOCA LA DESCONFIANZA DE MUCHOS USUARIOS A LA VEZ QUE DAÑA Y PONE EN RIESGO LA REPUTACIÓN DE LA PROFESIÓN PSIQUIÁTRICA

La doctrina convencional, basada en una interpretación biomédica reduccionista de cuestiones complejas relativas a la salud mental, domina las políticas y servicios de salud mental, incluso cuando no están respaldadas por la investigación. Las personas con discapacidad psicosocial siguen considerándose erróneamente peligrosas, a pesar de las pruebas evidentes de que suelen ser víctimas, y no autoras, de actos de violencia. Del mismo modo, se pone en duda su capacidad para tomar decisiones, por lo que muchas son tildadas de incompetentes y se les niega el derecho a adoptar decisiones por sí mismas. Hoy en día ese estereotipo se sustenta cada vez menos, pues estas personas demuestran que pueden vivir de manera autónoma cuando se las empodera mediante la debida protección jurídica y un apoyo suficiente.

Las asimetrías se han visto agravadas por el poder financiero de la industria farmacéutica y las alianzas establecidas con ella. Cuando faltan los recursos financieros para la investigación y la innovación, la industria llena el vacío con escasa transparencia en los procesos de aprobación de fármacos o estableciendo relaciones dudosas con los profesionales y los proveedores de la atención médica. Este contexto ilustra cómo la dependencia excesiva de las políticas con respecto al modelo biomédico ha ido demasiado lejos y por qué se resiste tanto al cambio.

Uso sesgado de los datos empíricos en salud mental

La base empírica que sustenta las intervenciones de salud mental ha generado controversia a lo largo de toda la historia. Esta situación persiste, pues la base empírica en la que se justifica la eficacia de determinados medicamentos psicotrópicos y otras intervenciones psiquiátricas biomédicas se pone cada vez más en entredicho desde el punto de vista científico y experimental. No se discute que estas intervenciones puedan ser eficaces para tratar determinados trastornos, pero su prescripción y utilización excesivas en casos en los que no son necesarias suscitan una preocupación cada vez mayor. Existen muchos antecedentes de empresas farmacéuticas que no han divulgado los resultados negativos de sus ensayos clínicos sobre fármacos, lo que ha tergiversado la base empírica que sustenta su utilización. Esta práctica impide a los profesionales de la salud y a los usuarios acceder a la información necesaria para tomar decisiones con conocimiento de causa.

NO SE DISCUTE QUE ESTAS INTERVENCIONES PUEDAN SER EFICACES PARA TRATAR DETERMINADOS TRASTORNOS, PERO SU PRESCRIPCIÓN Y UTILIZACIÓN EXCESIVAS EN CASOS EN LOS QUE NO SON NECESARIAS SUSCITAN UNA PREOCUPACIÓN CADA VEZ MAYOR

Algunos actores poderosos ejercen su influencia en el ámbito de la investigación que determina las políticas y la aplicación de los datos empíricos. La investigación científica en salud mental y en políticas sigue adoleciendo de falta de diversificación de la financiación y continúa centrándose en el modelo neurobiológico. La psiquiatría académica, en particular, tiene una influencia desmesurada: informa a los encargados de la formulación de políticas sobre la asignación de recursos y sobre los principios rectores de las políticas y servicios de salud mental. Básicamente, la psiquiatría académica ha restringido su programa de investigación a los determinantes biológicos de la salud mental. Ese sesgo impregna también la enseñanza en las facultades de medicina, lo que limita la transferencia de conocimientos a la siguiente generación de profesionales y les impide comprender la variedad de factores que afectan a la salud mental y contribuyen a la recuperación.

Este sesgo biomédico genera un preocupante desajuste entre los datos empíricos que van surgiendo y la manera de utilizarlos para la elaboración y puesta en práctica de las políticas. Hace decenios que viene acumulándose una base empírica, alimentada por la investigación experimental y científica, a favor de unos servicios y un apoyo psicosociales y orientados a la recuperación, así como a favor de alternativas no coercitivas a los servicios existentes. Si no se promueven estos servicios y las partes interesadas que los respaldan, ni se invierte en ellos, seguirán siendo marginales y serán incapaces de generar los cambios que prometen.

Conclusión

Hace poco las criticas al excesivo papel que se le ha otorgado al modelo biomédico dentro de la salud mental provenia de un pequeño grupo de investigadores como Irving Kirsch o Allen Frances, ex director del DSM IV, Pero el panorama está cambiando y cada vez se suman nuevas voces. Voces con poder e influencia que podrían iniciar una nueva revolución en pro de una salud mental más inclusiva, con investigaciones independientes, con intervenciones psicosociales tempranas y apropiadas que fomenten la promoción de la salud mental y la prevención.
AUTOR: David Aparicio