![]() |
| Laura Martín |
Manifiesto: sobre la salud mental
La salud mental no empieza en los diagnósticos.
Empieza en la soledad.
En esa experiencia silenciosa de no encajar del todo,
de no ser comprendido,
de no encontrar un lugar claro en la relación con los otros.
La angustia no es un fallo del individuo.
Es una forma de estar en el mundo cuando el sentido se desborda,
cuando falta algo,
cuando el vínculo no sostiene.
No hay personas rotas.
Hay historias, contextos y relaciones que no siempre cuidan.
Por eso, cuidar no es corregir.
No es etiquetar.
No es reducir a alguien a un nombre clínico.
Cuidar es escuchar sin invadir.
Es nombrar sin encerrar.
Es estar sin ocupar el lugar del otro.
La clínica no debería domesticar la diferencia,
sino abrir espacios donde cada persona pueda construir su propia manera de existir.
Porque el sufrimiento psíquico no es solo individual.
También es político.
Se inscribe en sistemas, normas y dispositivos que organizan quién tiene lugar
y quién queda fuera.
Y a veces, sin querer, también nosotros —como profesionales—
reproducimos esa exclusión.
Por eso necesitamos una ética clara:
explorar sin dañar.
No somos imprescindibles.
No estamos aquí para salvar.
Ni para normalizar.
Estamos para sostener.
Para acompañar.
Para no dejar sola a ninguna persona en su angustia.
La salud mental no es la ausencia de síntomas.
Es la posibilidad de tener un lugar propio en el mundo.
Y eso…
nunca se construye en soledad.
